Hace unas semanas Iñaki nos pidió que escribiéramos varios artículos para nuestro blog. Inmediatamente mi mente se llenó de ideas y temas sobre los cuales escribir. Días después le mandé a Iñaki el primer artículo: “Cómo correr tu mejor maratón”; del cuál yo me sentía muy orgulloso de escribir y al parecer a Iñaki le gustó, sin embargo, hubo un comentario que se me pegó mucho: “¿Ya corriste un maratón, sabes lo que se siente?”

Honestamente pensé en correr un maratón… luego me di cuenta que realmente no estaba dispuesto a hacerlo porque no entraba en mis prioridades o propósito. Fue aquí cuando se me prendió el foco; NO SÉ lo que se siente correr un maratón, pero después de más de 20 años practicando deportes tengo una ligera idea sobre alinear una meta con nuestro propósito.

El correr un maratón no es fácil y siempre lo he dicho, mis respetos a quienes lo hacen. He escuchado y leído historias sobre todo lo que pasa durante los últimos 10-12km. El cansancio se empieza a notar más y más, se vuelve más difícil ignorar a la voz en la cabeza cuando cuestiona el por qué correr, el calor, entre otras cosas. Y cada vez que platico con un atleta o amigo sobre esto, sus palabras tienden a ser parecidas: “estuvo fatal, pero estoy feliz de terminarlo.”

Esa frase ha estado conmigo toda mi vida, desde que jugaba fútbol aventándome 3-5 juegos cada fin de semana, o en el fútbol americano corriendo stadiums (subir y bajar todos los escalones del estadio de americano con equipo completo incluyendo casco) bajo el caluroso sol de Texas, hasta hoy en día levantando pesas y pedaleando en la bici repetitivamente con la meta de competir. Todos los días es lo mismo, “estuvo fatal, pero estoy feliz de terminarlo” y regreso al otro día para repetir esto.

¿Pero por qué?

Simple, tengo un propósito que supera por mucho el dolor momentáneo de un entrenamiento, juego, o competencia; igual que todos los valientes que corren maratones.

A veces no es fácil encontrar nuestro propósito, pensamos que sólo teniendo una razón para entrenar será suficiente. Sin embargo, el “quiero estar más fuerte, más delgado, correr más rápido, etc.”, a veces no nos da la motivación que necesitamos para despertarnos temprano, dormir temprano, comer de manera saludable, llegar a todas nuestras sesiones de entrenamiento. 

Al mismo tiempo nuestro propósito va cambiando con el tiempo. En mi caso hoy en día no compito en CrossFit como deporte por la misma razón que lo hacía hace 1 año, 2 años, 3 años.

Nuestro propósito nos ayuda a seguir adelante, cuando el entrenamiento se vuelva difícil, cuando la vida nos quiera desviar de nuestra meta, o cuando nos queramos dar por vencidos.

La manera más sencilla de encontrarlo es preguntarnos una y otra vez dos cosas: ¿por qué? y ¿cómo me hace sentir esto?

En mi caso:

¿Por qué entreno y me preparo para competir en CrossFit?

Porque la gente que más quiero actualmente sufre de temas de salud que los impiden hacer cualquier actividad física que ellos quisieran, desde un tumor hasta temas hormonales que han dañado sus órganos. Y a mí, la vida me ha otorgado la salud física para poder hacerlo y es mi manera de mostrarles apoyo y respeto.

¿Cómo me hace sentir?

Bien, cada que el entrenamiento se pone difícil, aburrido, o tedioso pienso en ellos y como ellos siguen adelante a pesar los tropiezos que se enfrentan. Me alientan a dar un poco más en el entrenamiento y trabajo de mi día a día.

Probablemente este propósito cambie en 6, 12, 24 meses y está bien siempre y cuando lo tenga muy bien identificado podré lograr la meta que me ponga de superarme como persona.

-Alejandro Samaniego.